¿Alguna vez has sentido que tu cabeza funciona como un grupo de WhatsApp con mil conversaciones abiertas a la vez? Porque yo llevo así toda la vida. Ahora mismo, mientras escribo esto, estoy pensando en lo que voy a cenar, en por qué no he publicado antes, en esa canción que no encuentro desde hace semanas y en si dejé la vitro cerrada. Pero ojo, que la vitro siempre la cierro. Que una es desordenada, pero no irresponsable.
Soy historiadora de carrera, escritora de fines de semana, estudiante de idiomas por cabezonería y coleccionista de música rara. Y hace unos meses descubrí por qué soy así: soy ENTP.
Conocía el MBTI, ese test que clasifica a las personas en 16 tipos de personalidad. Incluso vi un documental sobre cómo una madre y su hija, basándose en las teorías de Carl Jung, lo habían creado. Lo comenté con un tío mío, especialista en neurofisiología, y debatimos un rato sobre si servía para algo o era solo entretenimiento. Me pareció curioso, interesante incluso, pero no lo suficiente para hacer el test. El tema se quedó en una conversación de café y ya.
Luego llegó la pandemia y con ella los shows coreanos. Programas de variedades, entrevistas, detrás de cámaras... y allí todo el mundo hablaba de su MBTI. Los idols, los actores, los presentadores preguntaban: "¿Cuál es tu MBTI?" como aquí preguntamos de dónde eres. Se había vuelto viral, parte de la cultura popular. Y yo, que soy curiosa por naturaleza, me dije: "Bueno, algo tendrá".
Total, que un día me decidí y lo hice. Y cuando leí el resultado dije: "Internet me ha estado espiando". ENTP. Debatidora extrovertida, intuitiva, pensadora y prospectiva. Vamos, la típica que lleva la contraria por deporte y luego dice "es que estoy explorando diferentes puntos de vista".
El test dice que soy buena generando ideas. Y es verdad. Te lleno una pizarra de cosas brillantes en cinco minutos. El problema viene después: ejecutar. Ahí mi cerebro dice: "¿Eso se come?". Me pasa con la escritura: empiezo historias chulísimas y a los tres días ya estoy pensando en otra nueva. Con el coreano: el alfabeto lo aprendí en un fin de semana, pero cuando hay que memorizar vocabulario, "uy, qué pereza, mejor miro una serie". Mis proyectos personales son un cementerio de buenas intenciones.
Pero ojo, el test también dice que soy desorganizada, que procrastino, que me cuesta comprometerme. Y es verdad... a medias. Porque en el trabajo soy otra persona. Si es por responsabilidad laboral, cumplo, entrego, no fallo. Si alguien confía en mí para algo serio, no los dejo tirados. Es como si tuviera dos cerebros: uno para lo que "debo hacer" y otro para lo que "quiero hacer". Y el de "quiero hacer" es un poco licencioso, la verdad.
Sin embargo, también saco tiempo para lo que me gusta: estudio coreano, escribo, veo series, descubro música, voy al teatro, hago ejercicio. Y la gente me pregunta: "¿Tú cómo le haces? ¿En qué momento te da la vida?". Y yo pienso: "Pues ni idea, pero algo estaré haciendo bien".
Creo que el secreto es que no lo veo como obligación. Lo que me gusta, me gusta y ya está. Y cuando algo te gusta de verdad, sacas tiempo aunque no tengas. No es que sea organizada, es que soy una apasionada con déficit de atención. También he aprendido a aceptar mis límites. Si un proyecto personal me aburre, lo pongo en pausa. Y no pasa nada. No todo tiene que terminarse. No todo tiene que ser perfecto. Hay cosas que son solo para probar, para ver si me gustan, y si no, pues siguiente.
Y luego está lo de ser historiadora. Si algo te enseña la historia es que las cosas llevan su tiempo. Roma no se hizo en un día. Un idioma no lo aprendes en un mes. Escribir bien requiere constancia. Y yo con la constancia tengo una relación complicada, pero lo estamos intentando.
Con todo, no me cambiaría por nada del mundo. Ser ENTP es agotador a veces, pero también es tener curiosidad infinita. Es poder hablar de una película, de un pintor del siglo XVII y de un grupo indie de los 90 en la misma conversación. Es tener energía para mil cosas, aunque luego haga cuatro. Es ver oportunidades donde otros ven problemas. Mi cabeza es un caos, pero es un caos funcional.
Así que si tú también eres un lío pero sacas tiempo para todo, si empiezas mil cosas y terminas cuatro, si te encantan los idiomas raros o las canciones que nadie conoce, bienvenido al club. No tenemos reuniones porque nunca nos ponemos de acuerdo en la fecha, pero existimos. Y cuando alguien nos pregunta "cómo lo haces", podemos responder con honestidad: no tenemos ni idea, pero aquí seguimos, haciendo de todo y a veces terminándolo. ¿No es, acaso, una forma maravillosa de vivir?